miércoles, 25 de octubre de 2017

Los lagos Finger y las cataratas del Niágara (II). Segunda etapa: el lago Cayuga y el parque estatal de Taughannock Falls




Segunda etapa: el lago Cayuga y el parque estatal de Taughannock Falls

Viernes 29 de septiembre de 2017


En el centro oeste del estado de Nueva York se encuentran los 11 lagos Finger (literalmente "lagos dedo"), los cuales como su propio nombre indica se caracterizan por ser particularmente largos y estrechos. La región de los lagos Finger es maravillosa para disfrutar de la naturaleza y alejarse del bullicio de la gran ciudad, además de ser un punto de parada perfecto para aquellos que viajan en coche desde Filadelfia o Nueva York hacia la zona de las cataratas del Niágara. Esta región es además muy popular por sus viñedos y atrae a muchos viajeros interesados en el turismo enológico tal y como pudimos comprobar en uno de los hoteles en los que nos alojamos durante el viaje (había un recepcionista que tenía verdadera obsesión con que nos pilláramos una buena cogorza en familia 🙊)

A poco que uno investigue en internet se da cuenta de que las posibilidades que ofrece esta zona son infinitas. En nuestro caso nos decantamos por una sencilla excursión al parque estatal de Taughannock Falls, cuya principal atracción es su cascada natural de 65 metros de caída ubicada al final de una amplia garganta situada en las inmediaciones del lago Cayuga, el más largo de los lagos Finger y uno de de los más profundos de norteamérica.

En primer lugar, nos dirigimos al mirador de la cascada de Taughannock, donde además hay un centro de atención al visitante donde se pueden recabar mapas e información sobre la zona. Lolita estaba dormida en el coche (¡milagro!) así que nos tuvimos que turnar para disfrutar de las vistas de la cascada desde las alturas y sacar algunas fotos.

El chorrito de Taughannock no da
ni para llenar una palangana

La verdad es que si no fuera por su altura la cascada en sí tampoco decía gran cosa pero el paisaje era bonito y además este lugar cuenta con su propia leyenda y eso es un plus para alguien a quien le gustan las historietas tanto como a mi 😃

La leyenda está relacionada con los indios Cayuga, quienes habitaban estas tierras antes de la guerra de la independencia (1775-1783). De acuerdo con el relato tradicional, en tiempos antiguos la tribu de los Cayuga se enfrentó en una gran batalla con una tribu enemiga cerca de la zona alta de la cascada. Se dice que los Cayuga consiguieron matar al jefe de la otra tribu y que después arrojaron su cuerpo sobre las aguas. Su nombre era Taughannock, que en lengua indígena tendría el significado de "lleno de árboles" (aunque no existe unanimidad en cuanto a su exacta traducción)

Dejando los mitos a un lado, lo que sí se sabe es que durante la guerra de la independencia (concretamente a finales del año 1770) los soldados del ejército rebelde norteamericano destrozaron numerosas aldeas de la tribu Cayuga por ser ésta aliada de los británicos. No obstante, parece ser que el asentamiento de Taughannock se libró de la destrucción aunque sus habitantes ya habían conseguido huir antes de que los soldados del ejército continental pudieran alcanzar este lugar.

Como pago por los servicios prestados en esta guerra las tierras de Taughannock fueron entregadas a un tal Samuel Wayburn, quien poco después construiría aquí una cabaña de madera, una destilería, un molino y un exitoso almacén, convirtiendo esta zona en una de las más frecuentadas por los barcos de vapor que navegaban por el lago Cayuga. En 1873 el ferrocarril llegó a Taughannock, desencadenando el "boom turístico" en este lugar. No obstante, a principios del siglo XX los dos hoteles que habían sido construidos en esta zona comenzaron a perder clientes hasta que, finalmente, las tierras fueron adquiridas por la administración y convertidas en parque estatal.



Otra perspectiva del chorrito de agua desde el mirador


Tras disfrutar del mirador nos dirigimos al aparcamiento desde el que sale el Gorge Trail o Sendero de la Garganta , que en poco más de un kilómetro llega al pie de la cascada. Se trata de un recorrido muy sencillo para el que "oficialmente" se prevé una hora de trayecto pero debe ser una previsión para "dummies" ya que nosotros lo hicimos en mucho menos tiempo y tampoco es que seamos unos deportistas de élite (¡con porteo de bebé incluido!). Durante el camino hay varios carteles sobre la geología del lugar que explican cómo se formó la garganta y cómo se crearon los propios lagos Finger.

La familia al completo :)

Después un recorrido tan "exigente" (equiparable a un paseo hasta la tienda de ultramarinos del barrio) decidimos relajarnos en el área de pic-nic que se encuentra habilitada a orillas del lago Cayuga justo frente al inicio del sendero. El sitio es precioso y como además viajábamos fuera de temporada lo teníamos para nosotros solos. Mini Lola lo pasó en grande yendo de un lado a otro y corriendo detrás de los pájaros aunque también es verdad que acababa de comer y eso siempre la pone de buen humor😛. En los alrededores había una playa fluvial y un parque infantil que tenía muy buena pinta y que fichamos para nuestra próxima visita con la peque.


Lolita emocionada con la fauna y flora del lago Cayuga

Después del momento "relax" nos tocaba comer a los mayores así que nos acercamos al Crystal Lake Cafe, el cual contaba con opiniones muy alentadoras en tripadvisor. El sitio no nos defraudó, tenía mucho encanto y las hamburguesas que pedimos estaban muy buenas (aunque no se si llegan al a categoría de las de nuestro querido Musli de Torrelavega 😜)

Además, la camarera fue bastante simpática con nosotros, nos contó que su única hija vivía en Londres y que era una enamorada de Europa. Sus antepasados eran de origen italiano y habían emigrado a Estados Unidos persiguiendo el sueño americano y pasando por la famosa isla de Ellis de Nueva York. Su conversación me recordó que este país ha nacido y ha crecido gracias al esfuerzo de millones de inmigrantes, resultando paradójico que su actual presidente tenga, entre sus propuestas "estrella", la creación del famoso muro en la frontera con México 😑

Dejando los temas políticos a un lado, lo cierto es que si alguna vez pasáis por esta zona el Crystal Lake Cafe es un sitio muy recomendable tanto para almorzar como para tomar unos vinos. Después de comer y de tomarnos un café gratuito (por lo visto era el día internacional del café y es costumbre en los establecimientos no cobrar por consumirlo) nos acercamos a la sala de catas para completar nuestra experiencia en los Finger Lakes. Por tan solo 5 dólares pudimos degustar 6 copas a nuestra elección y aunque ni Abel ni yo somos unos entendidos en la materia, yo diría que los vinos estaban bastante ricos. Como dato curioso decir que tenían incluso vino de arándanos, algo que yo nunca había visto.

Decidimos probar un poco de todo: blanco, tinto y, por supuesto, arándanos (jeje) y aunque nos suele gustar más el blanco (I miss you Albariño!!!😚) al final nos llevamos una botella de tinto "Revolutionary Red" aprovechando el 20% de descuento que nos hacían por haber participado en la cata.

Por cierto, luego me enteré de que los "vinos guays" en la zona eran los blancos y no los tintos 😵 pero en fin, son cosas que pasan cuando no te lees bien la guía ...


Crystal Lake Cafe, para repetir!


Era el momento de partir hacia Niágara y empezaba a llover. Aún nos quedaban unas 2 horas y media de camino hasta nuestro destino pero nos sentíamos optimistas, ¡todo estaba saliendo de maravilla y lo mejor estaba aún por llegar!

Antes de que nos diéramos cuenta llegamos a la zona del Niágara y comencé a emocionarme. Ví una columna de lo que parecía ser humo y un montón de edificios alrededor, -"¿serán las cataratas? no, no puede ser, parece el humo de una fábrica, eso no puede ser agua, está muy alto y va como hacia arriba"- le decía a Abel mientras nos aproximábamos con el coche.

Y resulta que sí que eran las famosas cataratas...


En dos palabras: "Im-presionante" :)

Nuestro plan era terminar el día viendo las cataratas desde el lado americano para después atravesar la frontera con Canadá donde haríamos noche para disfrutar de las cataratas en su plenitud al día siguiente puesto que habíamos leido que las mejores vistas se obtenían desde el lado canadiense.

Aún así, me sentí bastante impresionada con la visión de las cataratas desde la zona americana (al día siguiente comprobaría que en comparación con el lado canadiense no se veía un pijo, pero entonces me pareció increíble jaja). Esa gran masa de agua cayendo a nuestros pies es un espectáculo difícil de olvidar y creo que es casi imposible no sentirse deslumbrado y sobrecogido ante esta maravilla de la naturaleza.



Empezaba a hacer fresquito y el cielo se estaba poniendo de color gris. Lolita y yo nos refugiamos en la tienda de recuerdos mientras Abel terminaba de tirar fotos y de inspeccionar la zona. Un señor hindú me preguntó que por qué no llevaba a la niña con gorro. Le dije educadamente que acababamos de llegar, que no nos esperábamos este clima y que precisamente por eso estábamos en la tienda de recuerdos esperando a su padre, para no pasar frío. El hijo del señor se acercó e intentó disculpar al metomentodo de su progenitor jaja Es increíble pero ser madre te convierte en el blanco de todos los opinólogos del lugar habidos y por haber, en España y por lo visto en el extranjero también 😛

Rápidamente nos metimos en el coche y nos dispusimos a cruzar la frontera por el puente arco iris (os juro que se llama así y que no lo he sacado de un capítulo de los osos amorosos). Pasar la frontera fue un poco lento y bastante rollo, no se cómo se apañarán en verano la verdad... Además la policía que nos tocó era bastante borde, tenía la virtud de no mover ni un solo músculo de su cara mientras nos interrogaba con voz robótica sobre un montón de cuestiones a las que tratamos de responder con sinceridad. Digo tratamos, porque nos preguntó si llevábamos alcohol y le dijimos que no cuando lo cierto es que nuestra botella de "Revolutionary Red" nos estaba esperando en el maletero (oopss!).

La verdad es que nos dimos cuenta después de cruzar la frontera así que menos mal que a nuestra amiga no le dio por inspeccionar nuestro vehículo 🙈

Por fin llegamos al motel Cadillac, con un rollo muy americano y cuyas habitaciones están decoradas con fotografías de modelos de coches cadillac antiguos. En un principio habíamos pensado salir a cenar y aprovechar para ver las cataratas de noche puesto que habíamos leido que las iluminaban y nos parecía que podía ser bonito, pero como el clima no acompañaba (y tenía miedo de volver a cruzarme con el señor hindú jaja) la peque y yo decidimos quedarnos en el hotel mientras Abel iba en calidad de emisario a sacar algunas fotos del panorama nocturno.

Y menos mal que nos quedamos porque al pobre le pillo una buena tormenta por el camino y volvió que parecía que había decidido bañarse en las cataratas!🙈



Y aquí termina esta segunda parte de nuestro viaje. Espero que os haya gustado. Os esperamos en la próxima etapa...

¡ las cataratas del Niágara!

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